Yo nunca he cogido y corrido

LIZEs fácil olvidar lo importante que fue la escena musical independiente de los 90 y clavarnos en sus estereotipos e imitadores culeros que han salido desde entonces. Podemos perder perspectiva de la música chingona que salió en esos años a cargo de gente que, en otras épocas, no les hubieras dado ni tres centavos de tu atención

Liz Phair me cae bien porque es como Ian MacKaye. Al igual que el vocalista de Minor Threat y Fugazi, ella no venía de un lugar pobre, tuvo una infancia y adolescencia (hasta donde entiendo) normales y, pues, nada más véanla, hasta muy pinche guapa. A diferencia de lo que les puedan decir programas de televisión como Behind The Music y The Voice, el tener una vida difícil no te hace más o menos apto para hacer música chingona. Si siguiéramos la lógica popular que, para ser trascendental en el arte necesitas una mamá alcohólica, un papá abusivo y compañeritos de la escuela que estuvieran chinga y jode con el bullying, entonces Exile On Guyville sería una obra efímera sin vender tres copias (y Limp Bizkit sería como un Wagner con cachucha roja). Por el contrario, Exile on Guyville (al igual que gran parte de la obra de MacKaye) es increíble.

En resumen, Liz Phair quería cantar. Inició un proyecto llamada Girly Sound del cuál llamó algo de atención gracias a sus melodías y sus letras francas, sin pelos en la lengua e increíblemente honestas. Liz podía cantar una melodía pop perfecta y hablar de coger con un amigo en la cocina. Instalada en la escena de Chicago en medio de la revolución sexual del rock (encabezada por las riot grrrls en Olympia, Hole y Kim Gordon, entre otras figuras), Phair quizo grabar un disco donde cada canción fuera una respuesta a cada track del Exile On Main St. de los Rolling Stones. Con la ayuda de Brad Wood (futuro productor de Smashing Pumpkins, Hum, Placebo y Sunny Day Real Estate), Liz creó un disco sónicamente diverso con canciones que pertenecían a su época a la vez que la trascendían con temas que no dejan de estar en boga con la muchachada demasiado inteligente para callar sus deseos carnales y sentirse carcomido por las consecuencias de los mismos, todo con canciones que podías cantar. SPIN armaron una historia verbal de su grabación que recomiendo un chingo.

La revolución alternativa fue increíble ya que, antes, tenías que tener un look específico, un tipo de voz o una personalidad compatible c0n la máquina de hacer billetes. Por lo menos, tenías que tener la ambición de querer llegar a la estratósfera y ser patrocinado por Pepsi, porque si no, no eras nadie. La idea de una escena alternativa (gracias al establecimiento del punk y la nación DIY donde podías distribuir un disco, venderlo y hasta irte de gira sin tener que jugar el juego de los grandes mercaderes) era que cualquier persona podía explorar su talento, y que era por ese simple talento o trabajo por lo que se daba a notar (y así, vender discos y hacerse de un buen billete). Como ya escribí, Liz quiso escribir canciones porque le nacía y terminó lanzando uno de los mejores discos de la historia. No sólo eso, sino que, gracias a Exile, se convirtió en una artista de disquera grande, tuvo un hit de radio enorme (“Why Can’t I?” del 2003) y ahora compone para televisión (para la serie 90210). Una chiquilla de vida privilegiada que no monta coreografías ni se hizo a notar por su sentido de moda logró, señoras y señores, tener una carrera en la industria musical, bajo sus propios términos.

Hay muchas razones por las que Exile es un clásico pero, más que razones, existen emociones que resuenan 20 años después. En una época de mi vida, “Fuck and Run” se me hizo la canción más triste del mundo, que reflejaba mi vida. Por supuesto no soy una morra atrapada en un ciclo de relaciones casuales sin fin; yo nunca he cogido y corrido, como sugiere la canción. Aún así, Liz lamenta que en su vida no hay posibilidad de una relación más estable, llena de “stupid old shit” como “cartas y refrescos”, pensando que estará sola por un año o por toda la eternidad. Peor aún, pensaba que lo que ocurría no volvería a pasar,y  sin importar lo que hiciera vuelve a pasar. Yo sentí que, no importaba lo que hacía para evitar mi situación sentimental, volvía a caer en los mismos patrones, y creo que es algo que muchos nos podemos identificar en algún momento, aunque no hablemos del sexo casual.

Liz Phair logra lo que todo autor de letras sueña: Imprimir algo específico que a la vez parezca lo suficientemente universal para trascender su tiempo y volverse parte de la vernácula de gente que espera esas palabras. Por eso, felices 20 Exile on Guyville, no envejecerás ni un gramo en los años a venir.

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